EL ACOSO LABORAL Y SUS LECCIONES

La gente me pregunta qué ha sido más fácil de superar, el ictus que casi me mata o el acoso laboral que sufrí durante mucho tiempo

La gente me pregunta qué ha sido más fácil de superar, el ictus que casi me mata o el acoso laboral que sufrí durante mucho tiempo

La gente me pregunta qué ha sido más fácil de superar, el ictus que casi me mata o el acoso laboral que sufrí durante mucho tiempo. Y si bien, el acoso tuvo mucho que ver con mi ictus, la verdad es que recuperarme del ictus me ha resultado más enriquecedor y liberador que sanar las heridas psicológicas que me dejó el acoso.

Hay muchos libros especializados en el acoso laboral. Algunos expertos dicen que la situación de acoso muestra una falta de amor propio importante, que refleja unas tendencias o características que nos convierten en el blanco de ataques, comentarios y experiencias poco agradables y bastante nocivas. La verdad es que la envidia, que carcome a los acosadores, hace daño aquí y en Cafarnaúm.

Yo cumplía con varias de las condiciones para ser un chivo expiatorio

A saber: mujer, extranjera, madre, aislada porque estaba sin equipo de apoyo o compañeros del mismo departamento, con jefe en otro país, con un cargo de supervisión, con acceso a demasiada información confidencial y era la mensajera de las buenas y malas noticias de la empresa. Además de ser fuerte, correcta y responsable. Lo que en algunos momentos hizo que me llamaran “bossy”, “mandona” en inglés.

Lo sorprendente del acoso es que tardas en tomar consciencia de la situación porque los ataques son muy disimulados. Sin embargo, sientes que algo no va bien, que mereces un mejor trato, que ese comentario es exagerado, está fuera de lugar o es una vil mentira.

Pero lo pasas por alto porque “no es importante”. Error

El acoso te llena de dudas, te mina la moral y la autoestima

Terminas creyendo que el problema eres tú, que hay algo que estás haciendo mal. Es una encrucijada, una tela de araña que te deja en la indefensión si no respondes a tiempo.

Resulta que gota a gota se va llenando el vaso y cuando por fin te das cuenta, duermes y rindes menos, te estresas, te enfermas y tienes menos fuerza y confianza en ti para enfrentar las pequeñas y grandes hostilidades y retos que te plantea tu entorno, tus compañeros y jefes.

Y cuando empiezas a investigar, a preguntar, cuando pides ayuda, suele ser demasiado tarde y, a veces, la ayuda no se ajusta a tus necesidades. Yo quedé muy decepcionada del departamento de recursos humanos, del sindicato, de la mutua y de la seguridad social.

El protocolo de prevención ante el acoso me ponía en una situación muy desagradable. Me pareció insuficiente e inadecuado. El sindicato respondió que solo podían ayudarme si me daban la baja laboral. La mutua, que lleva los temas de prevención de riesgos laborales, me dijo que ellos no se encargaban de “eso” y la doctora de la seguridad social a la que fui a contarle mis penas, en medio de lágrimas y sollozos, me respondió, con una frialdad espantosa:

“Tienes que ser más fuerte”.

Consulté con una abogada que me sugirió autolesionarme para obtener la baja y me recomendó cambiar de inmediato de médico de familia. Pagué a otro abogado que revisó mi caso y me dijo que si quería recibir la indemnización correspondiente tendría que “entrar en guerra” y acumular pruebas para ir a juicio por lo menos durante un año. ¿Un año? Yo no aguantaba ni un día más ahí.

Estaba desesperada

Si hubiera obtenido ayuda a tiempo, si me hubieran dado la baja, si hubiera ido a un psicólogo especialista en acoso, hubiera aguantado mejor. Levantarme para ir a la oficina era una pesadilla. Sentía náuseas, mareos, temblores, dolor de cabeza. Dormía pocas horas. Lloraba mucho. Y para canalizar mi furia e impotencia me imaginaba a los agresores (cada vez más numerosos) llenos de agujeros como un colador.

Estaba en el fondo del pozo y la única salida viable era dejar ese trabajo

Y eso fue lo que pasó. Me quedé sin empleo y una semana después tuve una hemorragia cerebral de la que estoy viva de milagro. El ictus me cambió la vida. Me abrió los ojos y el corazón a otras experiencias y posibilidades para atreverme a ser la persona que quiero ser y sin miedo a la muerte.

Miro atrás y pienso qué hubiera podido hacer diferente. Lo que pasó, pasó.

En mi caso, algunas situaciones me dejaban sin palabras. ¿Qué puedes decir o hacer cuando la mentira de algunos es mucho más poderosa e influyente que tu verdad? ¿Qué puedes hacer cuando se creen maravillosos y no lo son? ¿Cuándo te ponen entre la espada y la pared? ¿Cuándo en lo único en lo que piensan es en sí mismos y en el dinero que van a ganar?

Decir tu verdad alto y claro es un juego de pulso necesario

Eso tiene que ver con aclarar confusiones y derribar las generalizaciones mediante ideas específicas y datos concretos, por ejemplo: Ante: “siempre llegas tarde”, responder: Solo he llegado tarde dos veces en un año. El silencio otorga y da fuerza a los acosadores.

Los errores son esenciales en el aprendizaje y todos nos equivocamos. Fortalecerte y hacer oídos sordos ante críticas destructivas también es necesario.

Creo que una asignatura pendiente en los colegios sería aprender a responder con humor. La risa es fuego como la ira y se expresa de una manera mucho más saludable. ¿Imaginas responder a las críticas con una broma?

Más allá de que estés trabajando con sociópatas adaptados, hay que tener en cuenta la cultura organizacional y el estilo de gestión de tu lugar de trabajo. A veces el desorden, mediocridad y egoísmo de algunos termina afectando a todos. ¿Qué haces cuando te cargan de trabajo y te asignan objetivos imposibles de realizar porque no te dan los recursos materiales y humanos para alcanzarlos?

Después del acoso aprendí a “poner los puntos sobre las íes” y a detectar a tiempo ciertas conductas y poner límites apropiados, espacios de protección ante personas que, sin ser sociópatas, sí pueden invadirte y contagiar emociones tóxicas o ponerte en una situación de desventaja funcional.

El acoso y el ictus me invitaron a amarme a mí misma cada día un poco mejor y a enfocarme en hacer lo que realmente me gusta y me hace feliz. Me ayudaron a ampliar mi perspectiva y ver las lecciones en cada situación, porque lo que ves afuera es un espejo de algo que aún no ves en ti. Me enseñaron a escoger mejor a las personas con las que me relaciono y a dejar de temer al cambio.

El cambio implica, a veces, buscar otro puesto de trabajo en la misma empresa, otro empleo por cuenta ajena o emprender tu propio negocio. Implica soltar esas emociones negativas, salir del círculo vicioso (de la queja y del victimismo) y alejarte de esa gente que no se quiere ni a sí misma.

Yo elegí emprender a mi manera y respetando mis ritmos. Y aunque emprender es más arduo y requiere más valentía que tener un empleo por cuenta ajena, me siento más abundante, agradecida y afortunada, a pesar de ganar menos dinero que antes.

Desde que soy emprendedora gozo de mejor salud y de una relación más alegre y amorosa con mi pareja y con mis hijos. También he conocido gente maravillosa que me hace vibrar el corazón. Mi creatividad, bienestar y vitalidad se han disparado. Y cada mañana me pregunto: ¿qué puedo aprender y compartir hoy?

 

Nohora M. Parga (escritora, pintora, tallerista, autora de “El gozo de existir” y “Adiós, niña buena”.
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